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EL FRACASO DE LA VOLUNTAD (II)

luismiminAunque puede haber fallos en la inteligencia computacional como falta de deseo o abulia, me interesa más centrarme en aquellos casos en los que es la inteligencia ejecutiva la que yerra:

1.- Impulsividad: Cuando la inteligencia ejecutiva queda adormecida, los deseos pasan directamente a ser acción. No hay deliberación. La impulsividad es una falta de control de los impulsos. Aquí la diferencia entre un comportamiento “normal” y uno patológico es cuestión de grado.

2.- Procrastinación: Diferir, postergar, aplazar, dilatar... El procrastinador toma la firme decisión de hacer una cosa mañana, decisión que volverá a ser aplazada con la misma resolución al día siguiente. Aquellos con tendencia a la procrastinación tienen una fuerte fuerza de voluntad para el mañana, pero débil para el presente. Cuando tienen que afrontar algo, preparan tanto el escenario de la acción que luego no les queda tiempo para ejecutarla.

3.- Indecisión: Etimológicamente, decidir viene del latín decidere, formado por el prefijo de- que significa “separación” y el verbo caedere que significa “cortar”. Decidir es cortar una deliberación, zanjarla. La indecisión, por tanto, es la constante deliberación. Las personas indecisas son también llamadas irresolutivas. Suelen preferir lo malo conocido a lo bueno por conocer. Su ansiedad se genera cuando tienen que tomar alguna decisión o enfrentarse a alguna novedad o cambio.

4.- La rutina: Los hábitos son mecanismos aprendidos que automatizan ciertas conductas facilitándonos así realizarlas perfectamente sin necesidad de prestarles atención. Un pianista sería incapaz de interpretar una pieza musical si no automatizara los movimientos de digitación. Pero, como dice Marina, “los hábitos pueden liberarnos, pero también pueden esclavizarnos”. Muchas veces se disparan automáticamente intentando someter a su acción cualquier conflicto, en lugar de adaptarse a él. Un típico error directivo es creer que lo que alguna vez funcionó, funcionará siempre.

5.- La inconsistencia y la obcecación: Algunas decisiones se agotan en sí mismas: ¿playa o montaña? ¿El jersey gris o el negro? Pero muchas otras tienen un carácter largoplacista, involucrándonos en algún proyecto durante mucho tiempo y obligándonos a revisar constantemente la decisión tomada. Es en esta clase de decisiones donde hallamos los fracasos de la inconsistencia y la obcecación. Cuando decimos que una persona es inconsistente, es porque cesa en su esfuerzo antes de finalizar el proyecto que comenzó. Los psicólogos creen que esto se debe a la incapacidad de soportar dicho esfuerzo o de aplazar la recompensa. Pero si la inconsistencia es un fracaso, también lo es su contrario, la obcecación o tozudez. No hay nadie más voluntarioso que un fanático, lo que nos hace pensar que la fuerza de voluntad no es en sí buena o mala. Dependerá de si sabemos identificar cuándo es necesario perseverar o cuando desistir. El haber invertido muchos recursos en un proyecto nos ciega y podemos caer en el error de querer acabarlo a toda costa.

Pues bien, espero que esto nos sirva a muchos para tomar conciencia de nuestros errores, pero la cosa no puede quedar ahí señores. Preguntémonos cómo vamos a cambiarlo, diseñemos un plan de acción y, lo más importante, hagámoslo.

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