
He tenido la suerte, en los últimos meses, de participar en varios proyectos fuera de España y me gustaría compartirlo con vosotros. No tienen un fin especialmente formativo, sólo de réflexión.
Primer caso. El último fue en Egipto, hace una semana, y me genera cierto vértigo ver todo lo que está sucediendo allí, en aquellas calles y plazas que hace tan solo unos días parecían calmadas y con un optimismo revigorizante. Sin embargo, no es de su situación política de lo que quería hablar. Sólo he comenzado por ello, porque creo que merece ser mencionado con lo que está sucediendo.
Fue la primera vez que todo el grupo al que entrenaba era musulmán. Conocía el hecho que tenían que rezar cinco veces al día, pero desconocía el resto de detalles. No sabía cómo alteraría el ritmo de nuestro programa, si teníamos que hacer algo en especial. Parece que es una religión estricta. La realidad no podía estar más alejada de ello. De forma muy educada nos preguntaron si podían rezar, y ellos siempre intentaban acomodar sus rezos a los descansos que teníamos planeados.