En la actualidad, uno de los mayores retos a los que se enfrentan las organizaciones, tal y como se están desencadenando los hechos, es conseguir que sus empleados sigan comprometidos, vinculados y con confianza, después de vivir situaciones tan difíciles como despidos de compañeros, reducciones de jornadas o recortes en sus nóminas.
Es un reto todavía mayor si atendemos al mensaje que Zygmunt Bauman (último premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades) nos transmite en su libro “Tiempos líquidos” acerca de las peculiaridades de las relaciones humanas en la época de veloces cambios en que estamos inmersos. El profesor Bauman utiliza la metáfora de la liquidez para “dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter volátil y transitorio de sus relaciones”.
Nadie negará que es éste el gran reto, más aún cuando son tiempos en que las personas ocupan su puesto de trabajo muchas veces por simple miedo, sin una motivación clara, sin un verdadero compromiso con el proyecto organizacional, sólo por no perder un empleo. Ahora cuando adquiere fuerza el concepto de “absentismo presencial”, para indicar la presencia “física” del empleado, mas su ausencia “mental”.
Puede parecer que viajamos en una frágil embarcación y hemos sido atrapados por una tremenda tormenta, en donde prima el mensaje de “¡sálvese quien pueda!”.
Paradójicamente o quizá como reacción ante la alarmante situación, un concepto como el engagement, relacionado con la vinculación e implicación, incluso pasión y entusiasmo por el trabajo; surge con fuerza desde el ámbito de la Psicología Positiva y la Psicología de la Salud Ocupacional (Positiva).
Pero ¿es posible que las personas se sientan, todavía hoy, vinculadas y comprometidas con su trabajo y su organización? ¿Es posible que muestren vigor, dedicación y se sientan absorbidos (positivamente) por su trabajo? Como consultores sabemos que eso sí es posible pero, obviamente, nada se conseguirá si nos quedamos de brazos cruzados esperando que ocurra como por “arte de magia”.
La responsabilidad de conseguir empleados/as engaged recae tanto en la dirección como en los propios trabajadores. Los primeros, deberán gestionar desde la confianza, desde la coherencia y proporcionando a sus colaboradores los recursos organizacionales adecuados a las demandas. Los segundos, los empleados, deberíamos aplicarnos la frase que John Fitzgerald Kennedy pronunció en su discurso inaugural, el 20 de enero de 1961: “Así pues, compatriota: no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo qué tú puedes hacer por tu país […]”. En definitiva, hacer uso de nuestros recursos personales.
Podríamos preguntarnos eternamente qué es primero, el huevo o la gallina, es decir, ¿primero deberían actuar los directivos y después los colaboradores o viceversa? Desde luego los iniciadores del cambio deberían ser la cúpula directiva, actuando como referentes para los demás, pero también soy de los que piensan que el cambio empieza en uno mismo.



TURKEY... On the road again. Well not on the road but on the plane again. This time part of our international team will be travelling to Turkey, in order to deliver one of the programs that we run across EMEA. We have great expectations about Turkey, and Turkish managers, culture, business and diversity managment sounds like a great plan.
Enrique L. Belenguer comparte, en su blog, reflexiones sobre el crecimiento del capital humano y la competitividad.


Comentarios
Dependerá de si el perfil encaja en algún proyecto que estemos realizando o puedes crear un nuevo proyecto desde INMERCO.
Así que te animo a que envíes tu CV por el formulario que hay en nuestra sección de Selección de Empleo.
@Quique: Querido Quique, soy de los que piensan que es imposible separar nuestra vida profesional de la personal, y en ese continuo, buscamos siempre un sentido, un fin con el que estar comprometidos. Lo que es obvio es que cuanto más satisfecho está un empleado con su organización más implicado se muestra por su causa y pone al su servicio todos sus recursos personales. Para que eso ocurra, será la empresa la que también tendrá que poner a su disposición todos sus recursos organizacionale s. Uno de los virus que más sufren las empresas es la disonancia entre demandas y recursos.
Me gustó el tema. Gracias
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