Hace ya varios años que en el ámbito empresarial hemos comprendido que existen ciertas capacidades que favorecen el éxito más allá de los conocimientos y cursos reflejados en un curriculum. El grado en el que los trabajadores de una empresa conozcan y controlen sus emociones y sepan reconocer los sentimientos de los clientes y de sus colaboradores parece influir directamente en la obtención de unos buenos resultados.
Si pensamos en la importancia que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana tomaremos conciencia de que la mayoría de las veces marcan nuestras decisiones. ¿Elegimos pareja porque objetivamente es la mejor opción? ¿Compramos nuestra casa porque es la opción más rentable? Muchas de nuestras decisiones están marcadas (si no dominadas) por las emociones.
Según Daniel Goleman los principales componentes de la inteligencia emocional son:
Autoconocimiento emocional (o conciencia de uno mismo): Se refiere al conocimiento de nuestras propias emociones y cómo nos afectan. Es muy importante conocer el modo en el que nuestro estado de ánimo influye en nuestro comportamiento, cuáles son nuestras virtudes y nuestros puntos débiles.
Autocontrol emocional (o autorregulación): El autocontrol nos permite no dejarnos llevar por los sentimientos del momento. Es saber reconocer qué es pasajero en una crisis y qué perdura.
Automotivación: Dirigir las emociones hacia un objetivo nos permite mantener la motivación y fijar nuestra atención en las metas en lugar de en los obstáculos. En esto es necesaria cierta dosis de optimismo e iniciativa, de forma que seamos emprendedores y actuemos de forma positiva ante los contratiempos.
Reconocimiento de emociones ajenas (o empatía): Las relaciones sociales se basan muchas veces en saber interpretar las señales que los demás emiten de forma inconsciente y que a menudo son no verbales. El reconocer las emociones ajenas nos puede ayudar a establecer lazos más reales y duraderos con las personas de nuestro entorno.



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Enrique L. Belenguer comparte, en su blog, reflexiones sobre el crecimiento del capital humano y la competitividad.

